
AMAZONAS
Entre los griegos clásicos, la palabra recibía una etimología popular según la cual procedía del a- privativo + mazos, ‘sin pecho’, relacionado con la tradición etiológica que decía que las amazonas se cortaban o quemaban el pecho derecho, para poder ser capaces de usar el arco con más libertad y arrojar lanzas sin la limitación y obstrucción física.[1] No hay indicios de esta práctica en obras de arte, en las que las amazonas siempre son representadas con ambos pechos, aunque con el derecho frecuentemente cubierto.
En algunas versiones del mito, ningún varón tenía permiso para mantener relaciones sexuales o residir en el país de las amazonas, pero una vez al año, para evitar la extinción de su raza, éstas visitaban a los gargarios, una tribu vecina. Los niños varones que resultaban de estas visitas era sacrificados, enviados de vuelta con sus padres o abandonados a su suerte; las niñas se quedaban con ellas, eran criadas por sus madres y adiestradas en las labores del campo, la caza y el arte de la guerra.
De nuevo, hemos de remitir a las fuentes historiográficas. La primera indicación la encontramos en Lisias, que atestigua: En tiempos antiguos, las Amazonas, hijas de Ares, habitaban cerca del río Termodonte, que corre hacia el Ponto Euxino (Mar Negro). Eran el único de todos los pueblos de su alrededor que portaban armaduras de hierro y fueron las primeras en montar a lomos de los caballos, por lo que tomaban a sus ignorantes enemigos por sorpresa y apresaban a los fugitivos o escapaban de sus perseguidores. Por su valor se les consideraba más bien varones que de sexo femenino. Tanto parecían superar a los hombres en su espíritu de lucha que su naturaleza no les causó desventaja alguna.
Las Amazonas pasaban el tiempo aisladas y ocupadas arando, sembrando, plantando, pastoreando sus rebaños y, sobre todo, criando caballos. Las más valientes de entre ellas se dedicaban a cazar a caballo y a ejercitarse en las artes de la guerra
RESUMEN DE INTERNET